Es una obra ensayística que reflexiona, desde una postura crítica y profundamente política, sobre la situación de las lenguas originarias y la diversidad lingüística en México y el mundo. La autora cuestiona las estructuras históricas que han propiciado la marginación y el desplazamiento de las lenguas indígenas, señalando cómo el Estado-nación, el colonialismo y las políticas monolingües han contribuido a la pérdida lingüística.

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